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Una agenda competitiva para Uruguay

El Instituto de Competitividad de la Universidad Católica del Uruguay (IC-UCU) publicó recientemente su segundo Informe de Competitividad Uruguay. En este artículo se reflexionará, a partir de los análisis realizados en dicho Informe, sobre los puntos que se consideran clave en una agenda competitiva para Uruguay de los próximos años.

autor: Instituto de Competitividad - Roberto Horta y Luis Silveira Investigadores del Instituto de Competitividad

Jueves 08 de diciembre del 2016

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Una agenda competitiva para Uruguay
 En el Informe se señalaba que: “… si bien la economía uruguaya ha presentado un crecimiento significativo en la última década, mantiene diversas debilidades y/o vulnerabilidades, en un contexto internacional adverso, que se han manifestado en un fuerte enlentecimiento de los niveles de actividad. Todo ello plantea un grado de urgencia significativa en abordar procesos de construcción competitiva reales y efectivos”.

Es cierto que, a nivel del actual gobierno y en el Parlamento se está dando una interesante discusión en torno a la institucionalidad de la competitividad, con el proyecto que inicialmente fue llamado “Sistema Nacional de Competitividad” y luego se denominó “Sistema Nacional de Transformación Productiva y Competitividad”. 

De acuerdo al enfoque conceptual que utiliza el IC-UCU, consolidar la estabilidad macroeconómica a mediano y largo plazo es una condición de base para poder avanzar en mejoras competitivas. En ese sentido, es necesario lograr a corto plazo una reducción de los niveles de  inflación y reducir el elevado déficit fiscal.  Dichos aspectos ayudarán a que el ambiente de negocios mejore e incentive a las empresas a invertir y, a su vez, a atraer creciente inversión extranjera directa.  

Adicionalmente, una agenda de mejora competitiva debe considerar aspectos meso y microeconómicos. En ese sentido, las prioridades deben apuntar a una mejora sustancial en materia educativa, de infraestructura física y de diseño en políticas de innovación e internacionalización de la economía. 

Un aspecto clave en el crecimiento a largo plazo de la productividad y por lo tanto de la competitividad es la educación. El buen desempeño en materia educativa permite mejorar e incrementar las capacidades y las competencias de las personas, constituyéndose en un elemento crítico para mejorar la competitividad. Se trata de un área clave en los procesos de estrategia competitiva. 

Es de público conocimiento que la situación de Uruguay en educación no es buena, e incluso, según determinados indicadores, la misma se ha ido deteriorando en las últimas décadas, a pesar del incremento de los recursos económicos que el Estado ha venido otorgando a la educación, los que han alcanzado el 4,75% del PIB en 2015.

Los datos de las pruebas PISA, muestran que Uruguay tiene una tasa de mejora negativa, alejándose cada año del desempeño de los países de la OCDE; siendo además el único país de Latinoamérica que está empeorando y acelerando su desmejoramiento. 

Así, mejorar los procesos de gestión se vuelve algo ineludible a los efectos de ser más eficiente con los recursos económicos que la sociedad destina al sistema educativo público.
 
Otro aspecto a priorizar en una agenda competitiva es el de la mejora de la Infraestructura. Es notorio el déficit que presenta el país en esta área, principalmente en la infraestructura física, que contrasta con la mejora que se ha ido logrando en la infraestructura inteligente, es decir la infraestructura científica, tecnológica, de comunicaciones y de servicios de internet.

Debería de incorporarse a la agenda competitiva, un proceso en el cual los esquemas de Participación Público Privada se conviertan en un instrumento adecuado y eficiente para mejorar la infraestructura física del país y adaptarla a las necesidades de la producción, permitiendo bajar costos tan básicos como son los costos de transporte y logística.

Las políticas de incentivo a la innovación, que necesariamente deben de formar parte de la agenda competitiva, deben de enfocar sus esfuerzos para que el sector productivo incremente sus niveles de innovación e incorpore ciencia y tecnología a los bienes y servicios que se producen, tratando de incrementar la sofisticación y el valor agregado que se incorporan, diversificando la matriz productiva y incentivando la inversión.

Una herramienta que puede ayudar en este sentido son las llamadas Estrategias de Especialización Inteligente.  Este tipo de estartegias se diferencian de las políticas industriales más tradicionales, que se diseñan a partir de medidas horizontales y políticas neutrales, para plantear una intervención más vertical y no neutral, con la idea de especializarse y particularizarse, en un proceso de compatibilizar las políticas con las dinámicas del mercado.
  
Este tipo de estrategias pretende disponer de medios eficaces y transparentes para identificar actividades, cuyo objetivo sea analizar y descubrir nuevas oportunidades tecnológicas y de mercado que impliquen algún grado de innovación y, por lo tanto, abrir nuevos campos de ventajas competitivas. Por lo tanto, son ideales para combinar política industrial con políticas de incentivo a la innovación.

Es verdad que el país ha mostrado progresos en lo que refiere a las exportaciones en la última década, con un fuerte crecimiento de las ventas al exterior, pero éste se ha dado con una concentración de los productos comercializados, que en un alto porcentaje son commodities y que por lo tanto tienen un reducido contenido de valor agregado y tecnología. Es así que, se deben de desarrollar acciones, a nivel público y privado, que permitan una oferta exportadora con mayor incorporación de valor y demanda de empleo calificado.

También una mejor inserción internacional puede ayudar en ese sentido. Ésta puede ser abordada a través de una mayor flexibilidad para poder firmar y concretar tratados de libre comercio con el objetivo de acceder a la mayor cantidad de mercados posibles y a menores costos. Esta política de inserción internacional debería de ser otra de las prioridades a incluir en la agenda competitiva del país.
 
En línea con lo expresado en los párrafos anteriores, para que la agenda competitiva sea efectiva y de adecuada implementación, un aspecto importante es la existencia de una institucionalidad que garantice la coordinación y articulación entre el sector público y el privado.
 
Finalmente, a pesar de que la problemática de la competitividad ha estado en la agenda del gobierno, la misma no ha tenido ni el alcance ni la prioridad debida, y con una economía que está registrando tasas de crecimiento muy cercanas a cero, en un entorno internacional con luces y sombras, la preocupación por mejorar los determinantes de la productividad y la competitividad se vuelve un objetivo ineludible. 

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